Era entonces Obispo de Maracay, diócesis a la cual pertenece San Mateo, el Excmo. y Rvdmo. Sr. José Alí Lebrún, quien dio curso a la solicitud del Padre Gil y solicitó de la Santa Sede el favor de la Canónica Coronación. Su Santidad Juan XXIII, con fecha 13 de junio de 1962, dio el Breve concediendo la Canónica Coronación de la Virgen de Belén.
Obtenido este singular beneficio y distinción, los tres años y seis meses y pico que separaban la anterior fecha con la del 31 de enero de 1965, día de la coronación, fueron dedicados a los preparativos tanto lejanos como próximos, para el éxito de tan insólito como extraordinario acontecimiento.
Como poco después Monseñor José Alí Lebrún fuese promovido al Obispado de Valencia, la Santa Sede nombró para sustituirlo a Monseñor Feliciano González, quien se interesó vivamente en los preparativos de la Coronación.
Monseñor Feliciano González
junto al Nuncio Apostólico durante el Momento Pontifical
Se acordó que un equipo de 25 misioneros darían unas misiones en todas las parroquias de la diócesis de Maracay, y se convino que al final de cada una la Virgen de Belén visitaría cada parroquia. Estas misiones y visitas de la Virgen Peregrina fueron en todas partes motivo de extraordinaria renovación espiritual y de grandes concentraciones de fieles.
El domingo 31 de enero de 1965 fue el día señalado para el acto solemne de la Coronación en el estadio Fermín Landaeta, donde se dieron cita una inmensa multitud de fieles, calculada en 30.000 personas, con asistencia de 13 prelados, presididos por el Eminentísimo Cardenal José Humberto Quintero, Arzobispo de Caracas y Monseñor Luis Dadaglio, Nuncio Apostólico de Su Santidad, y la presencia del Doctor Escovar Salom, Ministro de Justicia y delegado especial del Dr. Raúl Leoni, Presidente de la República.
Innumerables personalidades estatales y religiosas realzaban este grandioso acontecimiento. La coronación de la Milagrosa Imagen de la Virgen de Belén, por la tarde del ya citado día, fue un suceso que sobrepasó las previsiones que habían predicho y que sería largo describir en todos sus detalles.
Dio principio al acto el señor Nuncio con
la lectura de un mensaje de Su Santidad Pablo VI y, seguidamente, Monseñor
Feliciano González leyó el Breve de Su Santidad Juan XXIII,
en el cual decretó la Coronación Canónica de la Sagrada
Imagen. Fue entonces cuando los altavoces anunciaron: «Su Eminencia
el Cardenal José Humberto Quintero, ayudado del Excelentísimo
Señor Obispo diocesano Monseñor Feliciano González,
toma la Corona de oro y piedras preciosas y corona la Sagrada Imagen de
la Virgen de Belén con la siguiente oración: "Como eres coronada
por mis manos en la tierra, quiero que por tu poderosa intercesión
todos los aquí presentes, y nuestros hermanos ausentes seamos coronados
en los cielos por tu Hijo Jesucristo. Amén".»
Momento de la Coronación Canónica de la Virgen de Belén |
Virgen de Belén coronada |
Fue entonces cuando la inmensa multitud sacó sus pañuelos y agitándolos conmovida, reventó en atronadores vivas a la Virgen de Belén, ¡Vivas al Papa!, ¡Vivas a Cristo Rey!, ¡Vivas a la Virgen de Belén, Reina de Aragua!.
Las bandas de música lanzaron al aire los acordes de los Himnos Nacional y el de la Coronación, mientras los aviones de las Fuerzas Armadas volaban en escuadrillas compactas sobre el campo de la coronación, arrojando flores y octavillas blancas y azules, en las que se leía: «Virgen de Belén, salva a Venezuela, Bendice a Venezuela, Bienaventurada te llamarán todas las generaciones. Dios te salve la llena de Gracia.»
La meliflua voz de Monseñor Lizardi cantó
las glorias de aquella sin par jornada mariana y el grandilocuente discurso
del Ministro de Justicia, Dr. Ramón Escovar Salom, merece ser aquí
reproducido en toda su integridad: «Eminencia Reverendísima
Cardenal Quintero, Excmo. Sr. Obispo de Maracay, Sres. Arzobispos y Obispos.
Excmo. Sr. Nuncio, Señores representantes de las autoridades civiles,
militares, legislativas y municipales aquí presentes, Sras. Sres.:
«Como Ministro de Justicia, como católico y como venezolano,
me siento profundamente honrado y profundamente conmovido de estar aquí,
en el seno de esta vibrante comunidad cristiana de Aragua: exaltando la
gloria, la protección y la inspiración de la Virgen de Belén,
Patrona de los venezolanos, porque patrona de cualquier parte de esta tierra,
es Patrona entera de toda la tierra de Venezuela, que es una sola unidad
espiritual. He venido con mi esposa y uno de mis hijos, con un símbolo:
el de las uvas y el de las espigas, como ofrecimiento, como viejo ofrecimiento
de lo que ha sido a lo largo de la historia del cristianismo el símbolo
de confianza en las cosas que son Obra de Dios; porque son hechuras del
mundo, pero que, por eso son obras de lo divino, que es lo permanente y
fundamental del destino del hombre sobre la tierra. He venido no al cumplimiento
de un deber de protocolo ministerial, sino en nombre del Presidente de
la República, a testimoniarles a su Excelencia el Sr. Obispo de
Maracay, a las autoridades eclesiásticas, a todas las autoridades
y dirigentes de esta localidad y a todo el pueblo de Aragua, que bajo la
gloria de la Virgen de Belén nos congregamos cristianamente, porque
la Virgen es símbolo de la unidad espiritual de la Iglesia, la Virgen
Madre de la Iglesia es a la vez un símbolo de la unidad de un pueblo,
del destino de un pueblo, de la fuerza de un pueblo. Con estas palabras
presento mi saludo emocionado, venezolano y cristiano a la Virgen de Belén,
en esta tarde gloriosa de Aragua, recuerdo de viejas glorias de la historia
de Venezuela.»
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Himno Coronación Canónica de la Virgen de Belén
Peregrinaciones previas a la Coronación Canónica de la Virgen